El gigante de Altzo

Enclavado en el corazón de Guipúzcoa, a 35 kilómetros de San Sebastián, Altzo es un pueblo rodeado de altas montañas y espesos bosques, salpicado de tierras de cultivo y limpios arroyos que descienden entre sus montes.

Allí, el 10 de julio de 1818 nació el gigante, en el caserío Ipintza Zarra, lo que se traduciría como “mimbral viejo”, ya que allí se cultivaban extensos mimbrales. Miguel Joaquín Eleicegui Arteaga fue el cuarto de nueve hermanos y poco se sabe de su infancia excepto que, con 10 años de edad, quedó huerfano de madre. Su juventud fue una época de absoluta normalidad: trabajó en el campo, partidos de pelota vasca y misa los domingos, algo obligado en una sociedad tan religiosa como la vasca. Y más, como se verá, en aquella familia.

                         

La tranquilidad se rompió cuando Miguel Joaquín cumplió los 20 años. Entonces enfermó de un mal desconocido y comenzó a crecer desmesuradamente. En Altzo, la gente acabó por acostumbrarse a su altura, pero aún así, al visitar los alrededores todos se quedaban mirando sus proporciones gigantescas. No era para menos, ya que llegó a medir 2,42 y pesar 203 kilos. Su envergadura también era descomunal, ya que alcanzaba igualmente 2,42 metros desde el extremo de una mano a la otra con los brazos en cruz; y sus pies medían ni más ni menos que 42 cm. .

No extrañará que en un mundo hecho a la medida de la gente normal, Miguel Joaquín se sintiese incómodo, más aún cuando él sólo ansiaba una vida tranquila.

Cuando se arrodillaba para confesarse, el cura debía ponerse de pie para acortar distancias; al ir a vender leña a la vecina Tolosa, su busto sobresalía tanto del carro que todos se quedaban mirando su imponente figura… Quienes le conocieron resaltaban su carácter afable y bonachón, pero también la tristeza que emanaba de él, y sobre todo, su soledad. En algunos de sus escritos llegó a autocalificarse como “engendro de la naturaleza”. Físicamente, era un hombre barbilampiño, delgado y proporcionado, cuando lo habitual en personas tan altas es presentar extremidades desproporcionadas e incluso deformidades. Y trabajador, pues decían que tenía mucha maña para arreglar aperos de labranza y levantar muros separadores de lindes. 

 Miguel Joaquín trabajaba en sus tierras ayudando a su padre y hermanos.

                        

Un día a estos se les ocurrió una idea que cambiaría para siempre su vida.

Era la época de los llamados “museos de 10 centavos” –tal era el precio que debía pagar el espectador– o shows de rarezas, que atraían a miles de personas para admirar a mujeres barbudas, enanos, seres deformes y, por supuesto, gigantes.

Tales espectáculos estaban permitidos, porque aún no se consideraba a sus protagonistas como enfermos.

En el contrato se estipuló que el gigante debía estar a disposición de la sociedad durante un año y que ésta le conduciría por las poblaciones que le pareciese. A cambio, la sociedad entregaría a la familia tres onzas de oro, le pagaría todo el tabaco que pidiese Miguel Joaquín y no podrían embarcarle en ningún mar sin su consentimiento. Además, hubo una cláusula por en medio.

En definitiva, el gigante se convirtió en artista de circo y fue tratado como una bestia, cosa que nunca llegó a ser.

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~ por Kristian en 17 octubre.

13 comentarios to “El gigante de Altzo”

  1. Pobre hombre. Si quieres saber más, en el Museo San Telmo de Donosti hay utensilios hechos para él y te quedas asustado de la diferencia. Por ejemplo el taburete en el que se sentaba, que parece que te pierdes en él, acostumbrados a los que son más pequeños que ese.
    http://laslucesdeagosto.wordpress.com

  2. Y cual fue el final de este personaje, pues en contrato era por un año… se sabe si volvió a su vida normal o se vio condenado a vivir de su enfermedad. ?

  3. Si el hombre más alto que vive en la actualidad mide 2,36 metros, creo que Miguel Joaquín lo superaba..

  4. Amarok37, copio y pego de http://www.altzo.net/Cas/Gigante

    En la última etapa de su vida sufrió algunas enfermedades. El doctor Walker atribuyó la muerte del gigante a tuberculosis pulmonar con cavernas calcificadas. Murió en Ipintza, su caserío natal, cuando contaba 43 años el 20 de noviembre a las cuatro y cuarto de la tarde. Tal y como pidió en su testamento, fue enterrado y para ello tuvieron que traer un gran ataúd desde Tolosa. Pidió que se orara por él de la manera que se acostumbraba a hacer entre las gentes de su clase. Su cuerpo fue trasladado al humilde cementerio de Altzo Azpi.

  5. una pena que el hombre acabata de esa manera, la verdad, pero es que en esa epova ante lo extraño se daba esa respuesta…
    Saludos desde http://mamarrachi.wordpress.com

  6. siempre me llenó de ira que las sociedades repriman lo diferente en vez de apreciar lo maravillosa que es la diversidad… no entiendo ese afán de ser todos como un rebaño de ovejas, yendo unas detrás de otras sin pensar individualmente…

  7. La verdad es que es una enfermedad nada común.
    Se llama gigantismo. Cuando llegas a una determinada edad (que en teoría dejas de crecer) es cuando más creces i llegas a estas desmesuradas alturas.
    Es una especie de “gen” que se tiene ya desde que se nace.
    Tengo un familiar médico que me lo ha explicado.

  8. Hola, soy el autor de este reportaje que publiqué en la revista española ENIGMAS

  9. Hola, soy el autor de este reportaje que publiqué en la revista ENIGMAS y que ahora aparece copiado parcialmente en esta página. Espero que su creador y postmaster sepa que está incurriendo en delito por ello al no tener mi permiso para hacerlo.

  10. Usted perdone mi querido y admirado señor. Pero no leo prensa rosa.

  11. Christian, creo que Iván tiene toda la razón. A cada uno lo suyo…

  12. En realidad es algo muy llamativa esta historia del Gigante de ALTZO.
    Mi consulta es la siguiente:
    Mi tatarabuelo era de Altzo y procedia de la familia Celaia Ypenza, puede que Ipinza e Ypenza fueran los mismos? alguien que sepa genealogia si puede resolver esta duda lo agradezco
    Saludos y gracias por compartir estas historias
    Maria Antunes Celaya
    MONTEVIDEO. URUGUAY

  13. Miguel Joaquín Eleicegui Arteaga no padeció gigantismo, ya que empezó a crecer a partir de los 20 años. Por lo tanto, estamos hablando de “acromegalia” que es una patología derivada de un tumor en la hipófisis.

    Un saludo.

    Mercedes González

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